Antena Radial Colaboraciones

Sunday, November 19, 2006

Huizilopochtli y Quetzalcóatl se baten por el amor de Valentina

Por Eduardo Vázquez Martín

En la XXVI Muestra sucedida en San Luis Potosí, la reflexión sobre el poder y la historia de México ocupó una parte importante de la programación: Lascurain o la brevedad del poder, La señora Macbeth y el drama de Maximiliano y Carlota según Rodolfo Usigli y Mauricio Jiménez en Corona de sombras. La proximidad del proceso electoral, la centralidad de la política en nuestra vida pública, estimuló a muchos creadores a llevar al espacio escénico las preguntas y debates que en la plaza pública provocarían la primera gran crisis social del siglo XXI. En el Diario de la muestra de SLP yo aventuré algunas dudas sobre la lectura histórica de Rodolfo Usigli y su pertinencia actual; Fernando de Ita me enmendó la plana: Usiglí es pertinente y sus preguntas aún cuestionan nuestra identidad. Vale.
Un año después el propio Fernando de Ita y el grupo “Los hijos del pulque” transforma el escenario en gran oráculo, donde dos fuerzas invisibles y míticas se enfrentan para definir el futuro de la nación mexicana: de un lado Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, y del otro lado Huitzilopochtli, el hijo de la Coatlicue, el que desmembró a Coyochauqui.
El centro de la representación es la pirámide, y en torno a ella, entre la farsa y la comedia, los protagonistas extienden sus argumentos. Los volcanes, el Iztacíhuatl y el Popocatépetl, destruirán el valle de México, los mares cubrirán las antiguas tierras como venganza final contra la conquista, la traición y la indolencia de los mexicanos. De Ita plantea dos alternativas: la de la redención por sangre, que representa Huitzilopochtli, o la del amor que reivindican los seguidores de la serpiente emplumada. El poder de los mitos es socavado por el sarcasmo y el disparate, la tragedia llevada a la carpa, la carpa transformada en templo, el templo en vecindad, y los héroes trágicos optan por el albur y las mentadas de madre.
Más cerca de Rius que de Homero, de Aristófanes que de Platón, el dramaturgo y director Fernando de Ita logra conectar con esa sensibilidad tan mexicana, siempre dispuesta a hacer escarnio propio con el drama que nos determina. En medio de la lucha del brujo blanco (seguidor de Quetzalcóatl) y el brujo negro (venerador de Huitzilopochtli), la juventud (Saturnina y Valentina), se debaten entre la lujuria y la virtud. La que está dominada por Saturno cede a los placeres del brujo negro, mientras Valentina --su nombre es el del amor--, se convierte en la doncella que salvará, con su sacrificio, al pueblo mexicano: ya sea muriendo en manos del brujo negro, su padre, o siendo amada por el brujo blanco.
Tremendos problemas lo que plantea Fernando de Ita en una de las representaciones más esperadas de la muestra, en una representación ágil, donde los enredos típicos de la comedia hacen uso del lenguaje del comic. Excelentes actuaciones de Nicolás Núñez ( Dr. Velarde) y Cármen Zavaleta (Saturnina) pero donde destaca la impecable dicción de Gisela Cortés (Valentina), su capacidad expresiva y su presencia en escena.
Tremendos problemas patrios, decía, los que expone el dramaturgo hidalguense, y es de agradecer que se asuman con humor y desenfado, en ese espacio narrativo donde la lectura mítica entra en los terrenos del esoterismo de feria y merolico. Es lamentable, sin embargo, el uso y abuso del chiste fácil y la palabrota, que provocan siempre la risa que desahoga la tensión pero evaden la reflexión creativa y crítica.
Finalmente debo reconocer que no entendí el final, que la comedia de enredos míticos, apocalípticos y prehispánicos, se dejara desmadejada, olvidada del guión, mientras Valentina cierra las piernas y se dirige al público arengando a las mujeres a hacer lo mismo. ¿Porqué deben cerrar las piernas las mujeres?, ¿porqué deben resistir su propio deseo?, ¿para que no las seduzca Quetzalcóatl, el amante barbado que terminara convirtiéndolas en dóciles malinches?, ¿para que no las someta Huitzilopochtli a su reino de terror y sangre?, ¿para que serenen al Popocatépletl? ¿Para qué?